jueves, 7 de agosto de 2014

Correr genera felicidad.


Son diversas las razones para correr de las personas, en el caso de no ser un atleta élite, claro está. Para todos aquellos que tienen algún trabajo o estudian, los kilómetros son una buena dosis de una hormona que se conoce como endorfina. Estas son unas pequeñas proteínas que trabajan como neurotransmisores del placer. Conocidas porque ayudan a aliviar dolores, entre algunas de las cosas, pero finalmente por todos sus beneficios al momento de realizar la actividad, te ayudan a sentirte feliz. 

Está científicamente comprobado que correr nos hace felices. Las culpables, como decimos, son las endorfinas, una proteína que nace en una parte del cerebro llamada hipófisis. ¿Qué es lo que ocurre con el ejercicio? Pues la
actividad física es la encargada de estimular la producción de esta proteína. Estos químicos naturales se convierten en unos analgésicos que nos ayuda en caso de molestias o dolores sin la necesidad de emplear algún químico ajeno a nuestro cuerpo, además, estimulan los centros de placer del cerebro.

Las endorfinas incluso tienen la capacidad de protegernos de los virus y bacterias que invaden comúnmente nuestro organismo. Lamentablemente el tiempo de vida de las endorfinas es muy corto, esto se debe a que existen diferentes enzimas de nuestro cuerpo que las liquidan para que haya un equilibrio en el organismo

Aunque las endorfinas se producen de manera natural con el ejercicio, es posible generar algunas en menor proporción realizando actividades como: escuchar música, yoga, tai-chi, riendo, tomando café, descansando, entrando en contacto con la naturaleza…

Si estás acostumbrado a correr regularmente, cuando por alguna razón debes parar unos días, seguramente habrás notado que te encuentras irritable con mayor facilidad, o deprimido. Estos efectos de depresión o irritabilidad por lo general comienzan a manifestarse después de una semana de inactividad forzada. 

Es muy común el que una persona sedentaria sea  más propensa a estar deprimida que alguien que se ejercita habitualmente. Numerosos estudios afirman que los síntomas de tensión, irritabilidad y depresión pueden aparecer en una persona deportista que, por algún motivo forzado, cesa su actividad.