jueves, 26 de febrero de 2009

La divertida anécdota del atleta Samson Kimombwa



Es una de mis historias favoritas del atletismo y la voy a contar exactamente como me la narraron a mi, hace ya 32 años, en el gimnasio del Colegio Calasancio de Madrid, en una de aquellas pausas de los entrenamientos del equipo de atletismo. Supongo que por allí andarían Florencio Gascón, José Pacheco, Paco Ramos, Iñaki Jáuregui, Manolo Nguema, Juanjo Fernández, Antonio Postigo ... eran otros tiempos. 'Glory days', como dice Bruce Springsteen.
Un corredor de Kenia llamado Samson Kimombwa es el primer protagonista de la historia. Estamos en 1977, una época en que los kenianos ya se asomaban a la élite del fondo mundial pero no lo dominaban, ni mucho menos. Las carreras de largo aliento eran todavía pruebas de supremacía europea: ingleses, finlandeses, portugueses ... y el inolvidable Mariano Haro, que ya preparaba su retirada de la alta competición.
Kimombwa, que defendía la camiseta roja de la Universidad de Washington State (con ella le véis en la foto: es la misma a la que acudiría seis años después Javier Moracho, el excepcional vallista de Monzón) se estaba convirtiendo en la gran sensación de la temporada universitaria americana. Ganaba en cross y sorprendía con sus cronos en los primeros encuentros de pista, los míticos "dual meets" (encuentros entre universidades a dos atletas por prueba y equipo) de la primavera. Reunía todas las características de los atletas africanos de la época. Correr arrítmico, tiempos de paso exageradamente rápidos, hundimientos inexplicables ... en suma, corredores de gran talento pero imprevisibles.
El 'día D' para Kimombwa llegó en la reunión internacional de Helsinki. Allí corrió los 10.000 metros en 27:30.5 (en aquellos años se redondeaban las centésimas a la décima superior) y rebañó por sólo tres décimas el récord mundial del 'loco' Dave Bedford, que lo había batido en Londres en el campeonato británico, sin liebres ni nada.
Rueda de prensa de pie
Pero lo mejor llegó momentos después del récord, cuando los periodistas presentes en la competición solicitaron una improvisada rueda de prensa con el corredor keniano. Al borde de la pista, de pie, el atleta escuchó la primera pregunta. primero en finlandés, luego traducida al inglés:
- ¿Cómo se siente tras haber batido el récord del mundo?
Kimombwa no comprendía del todo la pregunta y se dirigió al traductor.
- ¿Qué quiere decir exactamente esto de 'récord del mundo'? - preguntó el atleta, algo confundido.
El intérprete sonrió. Le respondió y entonces arrancó un fantástico diálogo entre él y el flamante plusmarquista mundial mientras los periodistas finlandeses agauardaban:
- Esto quiere decir -explicó el traductor- que has conseguido el mejor tiempo de los 10.000 metros.
- ¿El mejor de este año, en todo el mundo?
- No. Más aún. El mejor de siempre. En toda la historia ningún ser humano ha sido capaz de correr los 10.000 metros tan rápido como tú. Eres el mejor atleta de todos los tiempos en los diez kilómetros, en todo el mundo.
- Eso no puede ser -sentenció Kimombwa- Es0 es imposible.
- ¿Por qué?
- No soy ni siquiera el mejor de mi poblado. Había uno que me ganaba cuando yo vivía en Kenia y salía a correr con muchachos de mi tribu...
Al año siguiente, Henry Rono, también keniano, también con la camiseta de Washington State, arrasó el atletismo mundial y batió los records del mundo de 10.000, 5.000, 3.000 y 3.000 metros obstáculos. Kimombwa estaba en lo cierto.

6 comentarios:

Tonitom dijo...

Jejeje. Ya habia escuchado yo esta historia, jejeje. Menudos son los Kenitas de despistado.

Ricardo dijo...

Muy buena la historia. Por cierto, felicidades por este magnífico blog.

Un saludo.

OLDRIVER dijo...

No conocía la historia, pero me ha arrancado una sonrisa que, por cierto, necesitaba hoy. Eran otros tiempos del atletismo, más ingenuos y menos profesionalizados. Por cierto, acabo de ver que Alberto Gavaldá, con 16 añitos, ha sido seleccionado para el europeo de Turín. ¿Será que vuelven los viejos tiempos del atletismo en los que todo era posible? Yo creo que sí.

Luis Montes dijo...

Hola Ignacio. Ya habíamos hablado en alguna ocasión de esa anécdota. ¿Será cierta? En todo caso la carrera atlética del keniano fue muy fugaz. Se parecía a los de ahora en fugacidad. Saludos

amateur dijo...

Muy bueno tu blog, Ignacio. Ya te leía con gusto en Público, y ahora con gusto redoblado.

Anónimo dijo...

Interesante historia que me lleva a proponer un tema para este magnífico blog: ¿cómo se encuentra actualmente el atletismo-base en España? ¿qué clubs cuidan la cantera? ¿qué Comunidad Autónoma lo está haciendo mejor? Esperaremos atentos los artículos de Ignacio.